19 de Abril de 1810 : La primera vez de Venezuela

Viudo, el juramento en el monte Sacro en su consciencia, godo como muchos de los jóvenes de la agitada Caracas de entonces, Bolívar apenas si había desembarcado de su París frívolo y aún viva entre las ruinas del imperio romano aquella promesa hecha a Simón Rodríguez de abandonar la vida vana por asumir el destino de su país sometido durante trescientos años al colonialismo español, Simón Bolívar, el teniente, el hacendado de pingüe beneficio, logra de la Junta de los godos, enmascarados bajo la fingida defensa de Fernando VII, de ser incluido, con Andrés Bello y López Méndez, el trío de los enviados a Londres, a solicitar del Imperio inglés, la legitimidad de esa determinación caraqueña y de ciertas provincias de mostrarse fieles a un rey depuesto, en cuya astucia se avivaba ya, aunque incierta, aunque confusa, la voluntad de pronunciarse independientes, soberanos, fundadores de una república independiente.

Allá va entonces el caraqueño, todavía sin la gloria que aguardaría por él en Cúcuta  su pequeña tropa cuando emprenda -con Girardot y Ricaurter entre otros valientes- La Campaña Admirable. 

La historia silencia lo que conversaban durante la travesía que no fueran los propósitos de la ilusoria misión legitimadora de la decisión de la Junta, creación y estrategia de Juan Germán Roscio. ¿Qué confidencias por ejemplo de aquellas horas de clase sostendría Bolívar con su otrora maestro Bello y de su cultísima información humanística no aventaría el viento que impulsaba las velas del esperanzado viaje?

A la espera de ser recibidos por el inefable Ministro Pitt, la breve comitiva irá al encuentro del eterno perseguido, el mítico Francisco de Miranda, el general napoleónico, el dos veces derrotado invasor de Coro y Ocumare, el que logró que flameara el pendón nacional sobre las arenas falconianas,  el soñador de una América libre de todo colonialismo y a quienes la comitiva habría de invitar a sumarse a la causa redentora, como en efecto ocurrió unos meses después. No siempre su figura había sido celebrada por los enviados de Roscio y de la Junta y sobremanera por Bolívar, quien se hallaba aún muy lejos de avizorar siquiera las futuras desavenencias que lo alejarían de su presencia cuando concluyera aquella controvertida y penosa Capitulación de 1812.

Pero fue así y más aún el aventurado y venturoso porvenir que esperaba al vehemente teniente caraqueño al volver de regreso de la abortada misión con Andrés Bello olvidado durante diecinueve años como jefe de la delegación de una Venezuela vencida y vencedora entre una y otra República, la ambigua, por no decir rencorosa y ladina actitud de los godos hacia Miranda no más arribara, después de medio siglo de ausencia, al puerto de la Guaira y más tarde, el no menos ambiguo y hasta hipócrita nombramiento y apoyo a su grado de Generalísimo, de dictador o General en jefe en los aciagos días de la Primera República.

Por traidor lo denunciaría Bolívar al justificar su entrega a Monteverde en el tribunal de los castigos y burla de los acuerdos de la Capitulación.  Una carta al Generalísimo dará fe del infortunio que lastimaría  para siempre la vida de Bolívar en aquellos días de la Capitulación mirandina:

(“Después de haber perdido la mejor plaza del Estado, ¿cómo no he de estar alocado, mi general? …¡De gracia no me obligue Vd. A verle la cara! Yo no soy culpable, pero soy desgraciado y basta”.

No pasará mucho tiempo cuando luego de su destierro a Cartagena, la Fortaleza costera y la soledad de aquella escritura confesional memorable que fuera el Manifiesto: “Yo soy, granadinos, un hijo de la infeliz Caracas, escapado prodigiosamente de en medio de sus ruinas físicas y políticas, que siempre fiel al sistema liberal, y justo que proclamo mi patria, he venido a seguir los estandartes de la independencia, que tan gloriosamente tremolan en estos estados”. Tal Manifiesto y La Campaña Admirable forjarían  para la historia (observa Ramón Díaz Sánchez en Bolívar el caraqueño)  la madurez del Libertador.

¿Cómo separar el 19 de abril de 1810 de julio de 1811 de la caída de la Primera República y de La Campaña Admirable?  Esas fechas permanecen enlazadas y forman el nudo gordiano de la Venezuela trágica y gloriosa, inseparable de Carabobo y Ayacucho, de Bolívar el Libertador y de su sueño, hoy redivivo.

Luis Alberto Crespo

 

 

 

 

 

Leer en formato ePUB es muy sencillo. Se adapta a cualquier tamaño de pantalla y puedes elegir el formato que más te guste. Solo tienes que encontrar una aplicación que se ajuste a tus necesidades. Te recomendamos algunas.

Sumatra PDF es una herramienta versatil, liviana y libre que permite la visualización de ePUB y PDF.

FBreader es un lector multiplataforma con muchísimas opciones para personalizar las lecturas sin importar el sistema operativo que manejes.

Calibre es la opción para usurios avanzados que quieren sacarle todas las posibilidades a sus libros electrónicos.